Entender el uso del fuego como una herramienta de gestión del paisaje implica un cambio de mentalidad por parte de las administraciones y de sus locales, que solo se puede conseguir haciendo visible su efectividad y demostrando que el fuego no es un enemigo al que temerle, pensamiento que ya se tenía en esa época de la historia en la que el hombre y sus actividades esenciales necesitaban el equilibrio que les proporcionaba el uso del fuego.